El error común de refrigerar el tomate: la baja temperatura destruye su sabor
Estudios agronómicos confirman que el frío de la nevera altera la estructura celular y apaga los aromas de este ingrediente básico.
Guardar los tomates frescos en el frigorífico es una práctica extendida, pero desaconsejada por expertos en ciencia de los alimentos. Exponer esta hortaliza a temperaturas inferiores a los 12 °C interrumpe su proceso natural de maduración y desactiva las enzimas responsables de producir sus volátiles aromáticos.
Además del impacto en el sabor, el frío daña la membrana celular de la pulpa. Esto provoca una pérdida constante de agua y transforma la textura carnosa del tomate en una consistencia harinosa, blanda y desabrida.
La recomendación para mantener sus propiedades organolépticas intactas es conservarlos a temperatura ambiente, en un lugar fresco, secos y alejados de la luz solar directa, colocándolos con el pedúnculo hacia abajo para evitar la entrada de aire.
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